Limpieza en espacios culturales: museos, teatros y centros de exposición en Buenos Aires
agosto 9, 2026Control de plagas y limpieza profesional: cómo se articulan en un plan integral
agosto 9, 2026La pandemia de COVID-19 transformó radicalmente la relación de las empresas con la higiene de sus espacios de trabajo. En pocas semanas, conceptos como "desinfección de superficies", "puntos de alto contacto" y "protocolos de higienización" pasaron de ser terminología técnica del sector de limpieza a formar parte del lenguaje cotidiano de cualquier administrador de empresa.
Seis años después, muchas de esas prácticas quedaron en el camino. Algunas se abandonaron con razón, porque respondían a una emergencia específica que ya pasó. Otras se dejaron de lado prematuramente, porque tenían sentido más allá del contexto pandémico y su abandono significó un retroceso real en los estándares de higiene de muchos espacios de trabajo.
Entender qué quedó vigente, qué se puede soltar y qué conviene sostener como estándar permanente es el ejercicio que muchas empresas todavía tienen pendiente.
Lo que la pandemia instaló correctamente
La atención a las superficies de alto contacto
La pandemia popularizó el concepto de "superficies de alto contacto": las manijas de puertas, los botones de ascensor, los pasamanos de escaleras, los teclados y ratones compartidos, los interruptores de luz, los dispensadores de agua y café, los teléfonos de uso compartido.
Antes de 2020, esas superficies se limpiaban cuando se limpiaba la superficie en general, sin ninguna consideración especial. Después de la pandemia, muchas empresas incorporaron la desinfección regular de esas superficies como parte del protocolo habitual.
Esa práctica tiene sentido mantener independientemente del contexto pandémico: las superficies de alto contacto son vectores de transmisión de cualquier enfermedad que se transmita por contacto, no solo el COVID-19. Gripes, resfriados, gastroenteritis y otras enfermedades circulan por esas superficies. Desinfectarlas regularmente reduce el ausentismo laboral, que tiene un costo económico real para las empresas.
La frecuencia de limpieza de baños
Durante la pandemia, muchas empresas aumentaron la frecuencia de limpieza y desinfección de baños. En algunos casos fue exagerado; en otros, simplemente llevó la frecuencia a donde debería haber estado desde siempre.
Un baño de uso corporativo con acceso de veinte o más personas por día necesita más de una intervención diaria para mantenerse en condiciones correctas. Eso no es una lección de la pandemia: es una realidad operativa que la pandemia hizo visible.
La disponibilidad de dispensadores de alcohol en gel
Los dispensadores de alcohol en gel en puntos estratégicos del espacio de trabajo —entrada, sala de reuniones, cocina, baños— son una práctica que tiene pleno sentido mantener como estándar permanente. El costo es mínimo y el impacto en la reducción de la transmisión de enfermedades por contacto es real.
Lo que se puede soltar
La desinfección de empaques y materiales entrantes
Durante los primeros meses de la pandemia, muchas empresas desinfectaban los paquetes y materiales que ingresaban al espacio de trabajo. Con la evidencia disponible sobre las vías de transmisión del SARS-CoV-2 y la ausencia de una emergencia sanitaria activa, esa práctica no tiene justificación para el contexto actual.
La desinfección de áreas que no tienen contacto con personas
Algunos protocolos de emergencia incluían la desinfección de techos, paredes y otras superficies que prácticamente no tienen contacto con personas. Esa práctica consumía tiempo y recursos sin aportar un beneficio real en términos de reducción de riesgo.
Las restricciones de acceso y los circuitos de circulación
Las cintas de delimitación de espacios, los circuitos de circulación unidireccionales y otras medidas de distanciamiento físico respondían a una emergencia específica. Su mantenimiento en un contexto de operación normal no tiene justificación operativa.
El estándar que conviene sostener
Un protocolo de desinfección corporativa razonable para el contexto actual incluye:
Desinfección diaria de superficies de alto contacto. Manijas, botones, teclados compartidos, pasamanos, dispensadores. Con un desinfectante de amplio espectro, con tiempo de contacto adecuado, en la rutina habitual del servicio de limpieza.
Frecuencia de limpieza de baños proporcional al uso. Al menos dos intervenciones diarias en baños con uso de más de quince personas, con desinfección de sanitarios, griferías y manijas en cada intervención.
Disponibilidad permanente de higienizantes de manos. Alcohol en gel o jabón antibacterial en puntos estratégicos del espacio.
Protocolo de respuesta ante casos de enfermedad. Un procedimiento interno claro para gestionar la higienización del espacio cuando hay un caso confirmado de enfermedad infecciosa en el equipo. No tiene que ser complejo, pero tiene que existir antes de que se necesite.
Ventilación adecuada. La pandemia renovó la atención sobre la calidad del aire en espacios cerrados. Mantener una ventilación correcta en las áreas de trabajo sigue siendo una práctica relevante para la salud del equipo.
Los servicios de desinfección de Elarg están diseñados para integrarse a la rutina habitual del servicio de limpieza o para ejecutarse como intervención específica cuando la situación lo requiere. Podés consultar las opciones disponibles a través de la página de contacto o explorar el blog de recursos para más contenido sobre higiene corporativa.
